Así de reveladora ha sido la charla con Rosa Gil, la encargada de inaugurar el III Foro de Periodistas de la UMH. Desde hace algún tiempo, los estudiantes de esta titulación necesitábamos que nos dieran una visión diferente del periodismo, más fresca. Y eso mismo ha conseguido Rosa Gil, que además de escribir para Mujer Hoy, un suplemento del grupo Vocento, publicó hace unos meses un libro infantil titulado Bruno Dhampiro.
Ha confesado que el periodismo es un mundo que quizás, por sí mismo, no sea apasionante. Pero que puede apasionar si nosotros, los periodistas, ponemos suficiente empeño. “Lo bueno del periodismo es que te mete en tantos mundos que descubres pasiones que antes no tenías”, ha asegurado. Por eso, esta joven autora considera que una de las claves para realizar un buen trabajo es que pongamos interés y emoción en nuestra labor de informar. Y es evidente que ella cumple esta máxima: lo ha demostrado en la charla. Ha sido un encuentro cargado de anécdotas y buenos ejemplos. Incluso nos ha dado una lección de humildad al mostrar un titular escrito por ella a modo de explempla vitanda.
Sin duda, he disfrutado mucho más con esta visita que con aquélla de Matilde Asensi que nos anunciaron a bombo y platillo. Quizás sea porque Rosa Gil parece más cercana y humilde. O quizás porque ha desvelado que de niña se aislaba del mundo sólo con sumergirse en un libro. Yo me la he imaginado, pequeñita, sentada sobre un cojín leyendo a Enid Blyton o creyéndose compañera de Huckelberry Finn. Y, sin quererlo, me he visto a mí misma.
Ha confesado que el periodismo es un mundo que quizás, por sí mismo, no sea apasionante. Pero que puede apasionar si nosotros, los periodistas, ponemos suficiente empeño. “Lo bueno del periodismo es que te mete en tantos mundos que descubres pasiones que antes no tenías”, ha asegurado. Por eso, esta joven autora considera que una de las claves para realizar un buen trabajo es que pongamos interés y emoción en nuestra labor de informar. Y es evidente que ella cumple esta máxima: lo ha demostrado en la charla. Ha sido un encuentro cargado de anécdotas y buenos ejemplos. Incluso nos ha dado una lección de humildad al mostrar un titular escrito por ella a modo de explempla vitanda.
Sin duda, he disfrutado mucho más con esta visita que con aquélla de Matilde Asensi que nos anunciaron a bombo y platillo. Quizás sea porque Rosa Gil parece más cercana y humilde. O quizás porque ha desvelado que de niña se aislaba del mundo sólo con sumergirse en un libro. Yo me la he imaginado, pequeñita, sentada sobre un cojín leyendo a Enid Blyton o creyéndose compañera de Huckelberry Finn. Y, sin quererlo, me he visto a mí misma.